IMPERMANENCIA, NO PERMANENCIA Y FLUIDEZ VITAL

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POR PABLO NICOLAI.

En el acto simple de observar nos podemos percatar de la ‘impermanencia’ de todas las cosas, de todos los fenómenos, parcialidades o acontecimientos.

Los objetos, sean físicos o psicológicos, naturales o artificiales, aparecen y desaparecen, se presentan y se van; puede parecer que persisten, pero finalmente mueren, terminan. Esto es lo que ocurre en la observación total, abierta y perceptiva.

Todo sucede, toda particularidad tiene su momento y deja de suceder. Cualquiera lo puede comprobar por sí mismo si no se confunde con la mecánica de la memoria, con los recuerdos, con las asociaciones ideales o con las conclusiones del intelecto. Porque la memoria y su movimiento a través del pensar es el pasado, y en consecuencia es lo que mentalmente nos mantiene, por así decirlo, atrás de lo que sucede ahora, es lo que trae las nociones, los juicios y las conclusiones del ayer al presente activo, lo que así lo califica e intenta ajustarlo y subordinarlo a ellas.

Esta pretensión de acomodo o forcejeo intelectual genera desasosiego, desajuste, desequilibrio, y encapsula en el movimiento del pensamiento –de la memoria y sus proyecciones, esto es, del tiempo- cuando nos identificamos y nos confundimos completamente con él. Ello, en el hecho, significa que no podemos vivir plena y armoniosamente en el ‘momento presente’, porque dada la impermanencia de las cosas o situaciones que suceden -incluyendo en ellas el propio pensar y sus reacciones-, la ‘fijación mental’, sea en recuerdos, interpretaciones o especulaciones, resulta ser una suerte de ficticio ‘permanecer’ con lo que ya ‘no es’, lo cual genera separación y conflicto.

Por eso, sólo el ‘no-permanecer’ apegados a ellas –a esas meras ideas- es la acción compatible con el hecho de su propia ‘impermanencia’; y comprender esto y coherentemente accionar desde esa compatibilidad –o sintonía, si se quiere- es condición necesaria para que la ‘fluidez’ de la totalidad de la vida pueda darse sin restricciones, distorsiones ni artificiosos desajustes en el desenvolvimiento de nuestro propio y cotidiano vivir.